Comprar en pareja sin estar casados: cómo se pone la hipoteca
Cada vez más parejas compran su primera vivienda sin pasar antes por el registro civil. La parte emocional está clara; la parte jurídica, mucho menos. Y ahí es donde aparecen las dudas de verdad: ¿la hipoteca va a nombre de los dos?, ¿qué pasa si uno pone más dinero para la entrada?, ¿de quién es el piso si mañana la cosa no sale bien?
La buena noticia es que comprar en pareja sin estar casados es perfectamente normal y el banco lo tramita como cualquier otra operación. La menos buena es que, al no haber régimen económico matrimonial, todo lo que no dejéis escrito queda al aire. En esta guía te explicamos, paso a paso, cómo se estructura la compra y qué decisiones conviene tomar antes de firmar, no después.
¿Se puede pedir una hipoteca en pareja sin estar casados?
Sí, sin ningún problema. Al banco le da igual vuestro estado civil: lo que analiza son los ingresos, la estabilidad laboral y el nivel de deuda de cada uno. Estar casados no da acceso a mejores condiciones, ni ser pareja de hecho tampoco.
La diferencia no está en el préstamo, está en lo que ocurre alrededor. Un matrimonio en gananciales tiene un régimen económico que reparte automáticamente bienes y deudas. Una pareja no casada, aunque esté inscrita como pareja de hecho, no lo tiene: cada uno conserva su patrimonio y solo es dueño de lo que figura a su nombre. Por eso, en vuestro caso, lo que diga la escritura de compraventa no es un detalle formal, es la única prueba de quién posee qué.
Conviene además saber que ser pareja de hecho no equivale a estar casados en materia de herencias. En buena parte de España, si uno de los dos fallece sin testamento, el otro no hereda su parte de la vivienda: la heredan los padres o los hijos del fallecido. Las reglas varían según la comunidad autónoma, así que es un tema que merece una consulta concreta antes de firmar.
Propiedad y deuda: dos cosas distintas que conviene no mezclar
Este es el punto que más confusión genera, y el que explica casi todos los problemas posteriores. En una compra con hipoteca hay dos contratos diferentes:
La escritura de compraventa dice quién es propietario y en qué porcentaje. Podéis figurar al 50% y 50%, al 70% y 30% o en la proporción que queráis. Ese porcentaje es el que manda a efectos de propiedad, plusvalías y herencia.
La escritura de préstamo hipotecario dice quién debe el dinero al banco. Y aquí llega el matiz importante: cuando firmáis los dos como titulares, prácticamente todas las escrituras incluyen una cláusula de responsabilidad solidaria. Eso significa que cada uno responde del 100% de la deuda, no del 50%. Si tu pareja deja de pagar, el banco puede reclamarte a ti la cuota entera, aunque en la escritura de compra figures con un 30% del piso.
Dicho de otro modo: la propiedad se puede repartir, pero la deuda frente al banco no se divide. Ser dueño de menos porcentaje no te protege de tener que pagarlo todo. Es perfectamente legal y es el funcionamiento habitual, pero conviene entrar sabiéndolo.
¿Qué pasa si uno aporta más dinero para la entrada?
Que ese desequilibrio debe reflejarse en el porcentaje de propiedad de la escritura. Si uno pone 36.000 € y el otro 12.000 €, y aun así firmáis al 50%, legalmente quien puso más le está regalando la diferencia al otro, con posibles consecuencias fiscales.
Es el error más frecuente y el más caro de deshacer. La solución es sencilla: calcular qué porcentaje del precio total aporta cada uno —sumando su parte de la entrada y su parte del préstamo— y escriturar con esos porcentajes. El notario lo recoge sin ningún problema; solo hay que decírselo antes de la firma.
Ojo con un detalle: los gastos de compra de vivienda (impuestos, notaría, registro, gestoría, tasación) no forman parte del precio de la casa y, por defecto, no cuentan para el reparto de la propiedad. Si uno de los dos los asume íntegros y queréis que eso compute, hay que hacerlo constar expresamente en un documento aparte.
Ejemplo con números: un piso de 240.000 € con aportaciones desiguales
Ana y Luis compran una vivienda de 240.000 €. El banco les financia el 80%, es decir, 192.000 €, y ellos aportan 48.000 € de entrada más unos 24.000 € de gastos, que pagan a medias.
De esos 48.000 € de entrada, Ana pone 36.000 € y Luis, 12.000 €. La hipoteca la asumen a partes iguales. El reparto de la propiedad sale así:
Ana: 96.000 € de su mitad del préstamo + 36.000 € de entrada = 132.000 € sobre 240.000 = 55%.
Luis: 96.000 € de su mitad del préstamo + 12.000 € de entrada = 108.000 € sobre 240.000 = 45%.
Esos son los porcentajes que deberían aparecer en la escritura de compraventa. Con un préstamo de 192.000 € a 30 años y un tipo fijo del 3% —una cifra de ejemplo, no una oferta ni un tipo garantizado—, la cuota mensual resultante sería de unos 809 €. Si prefieres ver el desarrollo del cálculo, lo explicamos en la guía sobre cómo calcular la cuota.
Ahí tenéis la segunda decisión: esos 809 € podéis pagarlos a medias (404,50 € cada uno) o en proporción a la propiedad (445 € Ana y 364 € Luis). Ambas opciones son válidas, pero solo una es coherente con el reparto que habéis escriturado. Elegid una, escribidla y domiciliad la hipoteca en una cuenta conjunta a la que cada uno transfiera su parte: así queda rastro bancario de quién ha pagado qué durante los próximos treinta años.
Como referencia de contexto, el Euríbor a doce meses cerró agosto de 2026 en el 2,954% según el dato oficial del Banco de España, su nivel más alto en dos años. Si tenéis dudas sobre cómo encaja vuestra cuota con vuestros ingresos, podéis hacer una primera simulación con la calculadora hipotecaria gratuita antes de pedir ofertas.
Qué mira el banco cuando sois dos titulares
Al presentaros como pareja no casada, el banco os estudia como dos solicitantes independientes que suman ingresos. Eso normalmente juega a favor: dos nóminas dan más capacidad de compra que una. Pero también suma las deudas de los dos.
El punto clave es el ratio de endeudamiento conjunto: la suma de la cuota de la hipoteca y de cualquier otro préstamo de ambos frente a los ingresos netos totales. Si uno de los dos arrastra un préstamo de coche o varias financiaciones al consumo, tira del ratio hacia abajo para los dos. En la práctica, cancelar esas deudas pequeñas antes de solicitar la hipoteca suele mejorar el resultado más que cualquier otra gestión.
La documentación que pide el banco se duplica: cada uno tendrá que aportar su DNI, sus nóminas, su declaración de la renta, su vida laboral y sus extractos bancarios. Preparadlo en paralelo, porque la operación no avanza hasta que están completos los dos expedientes.
¿Y si solo uno de los dos tiene ingresos estables o si el otro tiene incidencias en ficheros de impagados? Entonces caben dos caminos. Uno es poner la hipoteca y la vivienda solo a nombre de quien cumple el perfil, con la consecuencia de que el otro no será propietario de nada aunque pague la mitad de la cuota cada mes. El otro es que figure como avalista de la hipoteca, una figura que implica responder con todo el patrimonio presente y futuro sin recibir propiedad a cambio. Ninguna de las dos es automáticamente mejor: dependen de la situación concreta y conviene valorarlas con calma.
¿Y si la relación se rompe? Qué firmar antes de llegar ahí
La hipoteca sigue viva y el banco sigue reclamando a los dos. Separarse no cancela la deuda ni libera a nadie automáticamente: para que uno salga del préstamo hace falta que el banco acepte expresamente liberarlo, algo que solo concede si el que se queda demuestra que puede pagar la cuota entera él solo.
Si la propiedad es compartida, el Código Civil establece que nadie está obligado a permanecer en una comunidad de bienes: cualquiera de los dos puede pedir su disolución. Lo habitual es la extinción de condominio, en la que uno compra la parte del otro y asume la vivienda completa. Suele tener un tratamiento fiscal más favorable que una compraventa ordinaria, aunque depende de cómo se articule y de la comunidad autónoma.
Todo esto es mucho más llevadero si lo habéis previsto por escrito. Antes de la escritura, merece la pena firmar un documento —privado ante notario o simplemente firmado por los dos— que recoja: qué aporta cada uno a la entrada y a los gastos, en qué porcentaje escrituráis, cómo se reparte la cuota mensual, qué ocurre si uno paga de más durante una temporada, quién se queda en la vivienda si la relación termina y en qué plazo puede el otro exigir su parte.
No es desconfianza, es la misma lógica por la que se firma cualquier contrato: poner por escrito lo que ahora mismo os parece obvio a los dos. Dentro de cinco años, las memorias no coinciden y los extractos bancarios sí.
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