Qué es el periodo de carencia en una hipoteca y cuándo conviene pedirlo
Al firmar una hipoteca, la mayoría de la gente se centra en el tipo de interés, el plazo y la cuota mensual. Pero hay otra condición que puede ser muy relevante en determinados momentos de la vida: el periodo de carencia.
No es algo que todos los bancos ofrezcan por defecto, ni algo que convenga pedir sin pensarlo. En este artículo te explicamos qué es, cómo funciona, qué tipos existen y cuándo puede tener sentido para ti.
Qué es el periodo de carencia en una hipoteca
El periodo de carencia es un tiempo pactado con el banco durante el cual no pagas la cuota completa de la hipoteca, o directamente no pagas nada. Es una especie de "pausa" temporal en la devolución del préstamo.
Esa pausa no significa que la deuda desaparezca. Lo que ocurre es que el capital que no devuelves sigue ahí, y durante ese tiempo seguirá generando intereses. Al terminar el periodo de carencia, la hipoteca continúa, pero con algunas consecuencias sobre el coste total que conviene conocer bien.
Tipos de carencia: parcial y total
Hay dos modalidades bien diferenciadas, y es importante entender la diferencia antes de pedir una:
Solo pagas intereses
Durante el periodo de carencia, pagas únicamente los intereses del préstamo. No devuelves capital.
- La cuota mensual baja considerablemente.
- La deuda total no aumenta.
- Es la opción más habitual y menos costosa de las dos.
No pagas nada
Durante el periodo, no pagas ni capital ni intereses. La cuota mensual es cero.
- Alivio máximo en el corto plazo.
- Los intereses se van acumulando a la deuda.
- El coste total de la hipoteca aumenta de forma significativa.
Como referencia general, la mayoría de entidades en España ofrecen periodos de carencia de entre 3 meses y 5 años, aunque los plazos concretos y las condiciones dependen de cada banco y de la situación del cliente.
Cuándo tiene sentido pedir un periodo de carencia
La carencia no es una herramienta para todo el mundo ni para cualquier momento. Tiene sentido en situaciones concretas:
- Simultanear hipoteca y alquiler: si has comprado una vivienda en construcción o sobre plano y todavía estás pagando alquiler mientras esperas la entrega, una carencia parcial puede reducir la presión económica durante ese periodo de doble pago.
- Inicio de actividad profesional: algunas personas firman una hipoteca cuando acaban de empezar un nuevo trabajo o negocio, con ingresos todavía bajos. La carencia puede dar margen hasta que la situación se estabilice.
- Dificultad económica temporal: si ya tienes la hipoteca y atraviesas un periodo de paro, enfermedad u otro imprevisto que reduce tus ingresos de forma transitoria, negociar una carencia con el banco puede evitar el impago.
Importante: el banco no está obligado a concederte una carencia. Deberás justificar la necesidad y presentar tu situación económica. La aprobación final depende de la entidad y del análisis que haga de tu caso.
Qué coste tiene el periodo de carencia
Pedir una carencia tiene consecuencias económicas que conviene calcular antes de solicitarla:
- Coste de novación: si solicitas la carencia una vez ya tienes la hipoteca firmada, deberás hacer una novación (modificar las condiciones del préstamo). Muchos bancos cobran una comisión por este trámite que, como referencia general del mercado, puede partir desde el 1% del capital pendiente, aunque las condiciones concretas varían según cada entidad.
- Mayor coste total del préstamo: en la carencia parcial, aunque la cuota baja, sigues generando intereses sobre el capital total sin reducirlo. Al acabar la carencia, el capital pendiente es el mismo que al inicio, y el plazo restante es menor, así que las cuotas pueden subir.
- En la carencia total, el coste es mayor: los intereses no pagados se suman a la deuda, por lo que al terminar la carencia debes más de lo que debías al empezarla.
Antes de pedir una carencia, calcula el impacto real: compara cuánto pagarás en total con y sin carencia para valorar si el alivio a corto plazo compensa el sobrecoste a largo plazo.
La carencia y el Código de Buenas Prácticas
En España existe una red de protección para deudores hipotecarios en situación de vulnerabilidad: el Código de Buenas Prácticas, una medida impulsada por el Banco de España que obliga a las entidades adheridas a ofrecer determinadas opciones de reestructuración a quienes cumplan ciertos requisitos.
Entre esas opciones está la posibilidad de negociar un periodo de carencia del capital de hasta cinco años en condiciones más favorables que las habituales, además de otras medidas como la ampliación del plazo o la rebaja del tipo de interés durante un tiempo.
Si crees que puedes estar en una situación de vulnerabilidad económica, puede ser interesante consultar con tu banco o con el Banco de España si cumples los requisitos para acogerte a este código, antes de negociar condiciones de forma individual.
¿Tienes dudas sobre si una carencia te conviene en tu situación concreta, o quieres explorar otras formas de ajustar tu hipoteca? Usa nuestra calculadora gratuita para estimar tu cuota, o pide un diagnóstico hipotecario personalizado sin coste ni compromiso.
Probar la calculadora gratuita